En Almería el coche que no tiene garaje pasa el año entero recibiendo sol. No hace falta ningún dato para saberlo: basta con dar una vuelta por cualquier barrio y fijarse en los techos y los capós de los coches con unos cuantos años. El sol no avería el motor, pero va comiéndose todo lo que es pintura, plástico y goma, y parte de ese desgaste acaba teniendo consecuencias en la seguridad o en la ITV.

Vamos pieza por pieza, empezando por lo que más se ve.

La pintura: cuando el techo se queda blanquecino

La mayoría de los coches llevan una capa de color y encima una capa de barniz transparente. Lo que se estropea primero es el barniz. El proceso tiene tres fases que se reconocen a simple vista:

  1. Pérdida de brillo. El color se ve apagado, sobre todo en techo, capó y portón, que son las superficies horizontales. Aquí todavía se recupera con un pulido.
  2. Cuarteado o manchas lechosas. El barniz se ha degradado por dentro. Pulir mejora algo, pero no lo devuelve.
  3. Barniz que se levanta en escamas. Queda el color al descubierto, sin protección, y a partir de ahí se decolora deprisa. Ya no hay pulido que valga: toca lijar y volver a pintar la pieza.

Los colores oscuros y los rojos suelen delatarlo antes, y algunos acabados de fábrica aguantan mucho peor que otros. Si estás en la fase uno, un pulido y una protección posterior te ahorran llegar a la tres. Si ya se pela, lo honesto es decirte que pintar solo la zona dañada es posible, pero el resto del coche tiene la misma edad y el mismo sol: a veces compensa pintar techo y capó juntos para que no se note la diferencia. Lo presupuestamos por pieza en chapa y pintura.

Lo que no funciona: los “abrillantadores” con silicona que dan brillo durante una semana. Tapan el problema y cuando llueve, poco, se van.

Faros amarillos o mates

Los faros modernos son de policarbonato con una laca de fábrica que los protege del sol. Cuando esa laca se degrada, el faro amarillea y se vuelve mate, y la luz que sale es menos y más difusa. Por la noche se nota: ves menos y deslumbras más, porque el haz se dispersa.

Aquí hay dos errores comunes. El primero es la pasta de dientes o los kits de lija rápida sin sellado posterior: el faro queda claro un par de meses y vuelve a amarillear, a menudo peor, porque se ha quitado lo poco que quedaba de protección. El segundo es esperar a que el faro esté tan opaco que por dentro también se haya dañado el reflector; ahí ya no se pule, se cambia.

Una restauración de faros bien hecha incluye lijado progresivo, pulido y una capa de protección UV. Si el reflector está quemado o hay humedad dentro que no se va, lo que toca es cambiar el faro, y te lo diremos antes de cobrarte una restauración que no va a funcionar.

El interior: salpicadero, volante y asientos

Dentro del coche aparcado al sol se alcanzan temperaturas muy superiores a las de la calle. Lo que sufre:

  • Salpicadero agrietado, sobre todo en la parte que da al parabrisas. En algunos modelos el plástico se vuelve pegajoso. No tiene arreglo razonable más allá de fundas o sustituir la pieza, que suele ser cara por el desmontaje.
  • Volante y pomo que se pelan o se quedan brillantes.
  • Tapicería descolorida en el respaldo del lado del sol.
  • Pantallas y electrónica: las pantallas táctiles de algunos coches se despegan o dejan de responder con el calor acumulado.

El parasol de parabrisas no es un complemento cosmético: es de lo más barato que existe y protege justo la zona que antes se estropea. Si además puedes aparcar con el morro hacia el norte, mejor.

Gomas: escobillas, juntas y manguitos

El sol endurece la goma. En escobillas lo notas porque dejan rayas o saltan sobre el cristal, y en verano rara vez se usan, así que el problema aparece con la primera lluvia de otoño, justo cuando más las necesitas. Cambiarlas es barato y rápido.

Las juntas de puertas y ventanillas se agrietan y dejan pasar ruido y, con lluvia, agua. Las gomas del capó y los manguitos visibles en el vano motor también se resecan; un manguito cuarteado por fuera no siempre está mal por dentro, pero conviene que lo mire alguien antes de un viaje largo.

Neumáticos cuarteados

Este es el punto que más importa y el que menos se mira. Un coche que se mueve poco y duerme al sol puede tener ruedas con dibujo de sobra y, sin embargo, grietas en el flanco o entre los tacos. Esas grietas no son estéticas: la goma ha perdido elasticidad, agarra peor en mojado y en un día de mucho calor y carga puede fallar.

Cómo mirarlo tú: gira el volante del todo, agáchate y observa el flanco y el fondo del dibujo con buena luz. Si ves grietas finas en red, pregunta. Si son profundas o se abren al presionar con el dedo, no esperes. La fecha de fabricación está en el código DOT; con muchos años, aunque la rueda “parezca nueva”, conviene valorar cambiarla. En la ITV un neumático con cortes o deformaciones es defecto, y en la carretera es un riesgo. Precios de montaje y alineación, en neumáticos.

Qué merece la pena y qué no

No todo lo que el sol estropea hay que arreglarlo. Un salpicadero agrietado en un coche de muchos años que va a durar poco más es un gasto difícil de justificar. Un techo sin brillo en un coche de trabajo, lo mismo.

Lo que sí merece la pena siempre, porque afecta a seguridad o a ITV:

  • Faros opacos que reducen la iluminación.
  • Neumáticos con grietas.
  • Escobillas que no limpian.

Y lo que compensa hacer pronto porque después sale mucho más caro: proteger una pintura que empieza a perder brillo antes de que el barniz se levante. Si tienes dudas sobre en qué punto está tu coche, pásate y lo vemos a la luz del día; decirte que algo aún no hace falta también forma parte del trabajo.